sábado, 27 de agosto de 2011

Dormir y soñar, es que el hombre no puede vivir sin pensar.

Dormir y soñar, es que el hombre no puede vivir sin pensar.

Los sueños permiten acercarnos a nuestro inconsciente. El inconsciente según Carl Gustav Jung, no es una instancia psíquica que contiene únicamente el pasado sino que también incluye imágenes, pensamientos nuevos e ideas creativas que no provienen de una experiencia pasada consciente.
A veces pueden anunciarnos ciertos sucesos antes de que ocurran en la realidad; aunque no se debería considerar este fenómeno como milagroso sino simplemente como una capacidad del inconsciente de sacar conclusiones, antes que la conciencia, de nuestras acciones conscientes.
Más importante que el propio argumento de un sueño es su contenido específico, es decir, todos los elementos que aparecen en la trama.
Los sueños son simbólicos. Los símbolos surgen en el hombre en forma involuntaria, natural y espontánea y representan algo más que su significado evidente.
Un símbolo no es un producto individual sino una representación colectiva formada a través de la historia de la humanidad, y las principales imágenes que percibimos son las religiosas.
Estas imágenes no son invenciones intencionales humanas sino que tienen un origen remoto que aún permanece inaccesible para la comprensión racional.

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